Personajes 1983

Personajes 1983

Presentación

1

Alegra ver contradicha una vez más la opinión de que el expresionismo es una ética sin estética. Porque el neo-expresionismo de Manuel Gallardo, heredero del de Rouault, Max Beckman y Gutiérrez Solana, supone, como el de sus ilustre antecedentes, una búsqueda profunda e incomoda en el terreno de la imagen en sí, más allá de su significado obvio. Hermoso estilo sombrío y áspero, para expresar de nuevo los temas que obsesionaron a los post-simbolistas y a los creadores de entre-guerras, tal vez porque en nuestro ambiente, en nuestro imaginario, la nube de una guerra y los miasmas de la sociedad postindustrial se filtran por los resquicios del discurso de los artistas, desde los pintores a los dibujantes de cómics, desde los diseñadores de la moda a los músicos y cantantes del último rock.

Neo-expresionismo y neo-barroco: he aquí las constantes de estos artistas nuevos, que han abandonado el decorativismo y la confusión de los últimos coletazos de las vanguardias, ya academizadas, recuperando el espejo, la prostituta, la delación, la ciudad gangrenada, el erotismo triste de más acá de los confines del sueño…y, en un juego conceptista digno de nuestros pintores del siglo XVII, el espectador como espectáculo, el juego especular con el contemplador.

Ojala que Gallardo y sus compañeros contribuyan a que nuestro fin de siglo se revista de los mismos esplendores artísticos del anterior, y que continúen dando cuenta de nuestro malestar y de nuestros deseos.

PILAR PEDRAZA
Profesora de Arte de la Universidad de Valencia

 

 

Diálogo de fondos y figuras

Seria un error tratar de poner una etiqueta al pintor Manuel Gallardo, que expone su obra en Café Lisboa, y decir que es un inteligente representante del neoexpresionismo y del neobarroco: resultaría absolutamente inútil abordar su labor pictórica desde una perspectiva unidireccional. Gallardo evidencia en sus cuadros poseer una naturaleza meteórica, singularmente inquieta, abierta a muchas influencias y en un estado de curiosidad exacerbada. Cada una de sus obras es producto de una presión que le obliga a la manifestación inmediata, al registro de ese instante preciso, como si necesitase dejar testimonio de su paso por ese momento.

Porque lo decisivo en la búsqueda de Gallardo no es tanto lo que se toma, sino cómo lo interpreta. Su mirada no experimenta nunca un acercamiento simplista a la imagen, a esos personajes y situaciones que representa. Escenifica visualmente secuencias, destapa resortes hilarantes o dramáticos que contiene toda aplicación rigurosa de la lógica, cuando ésta se mezcla con el pantanoso terreno de la realidad. El resultado es unos cuadros que revelan la gravedad que corresponde a una pintura que ha abandonado el azaroso flujo y reflujo del instante vivido o captado que interroga con asiduidad a la contemporaneidad tan propia de las obras importantes.

Manuel Gallardo, que por otro lado domina el dibujo con maestría, echa mano, en su temática psicologista, de un colorido no uniforme, para dar cuenta, a voces, de que ha perdido su inocencia expresionista y sobrepasado el hecho personal. Y una forma de sobrepasarlo era revalorizar la pintura, hacer que los problemas plásticos en sí mismos, sobrepasaran en interés a las soluciones. Rehuyendo, de paso, cualquier sobreentendido tranquilizador.

OLGA REAL
Levante. Arte/Crítica. 23 de Noviembre de 1983